miércoles, 8 de octubre de 2025

Desde mi refugio interior

Cuando la desolación abre heridas y sé que tu presencia vive en mí.

La noche cae trayendo su aroma de nostalgia.
Y yo, una sombra más entre las sombras, me siento aislada, desenterrando restos de mi propio ser, ahondando en mi cruda existencia.
Miro hacia adentro, porque afuera nada me resulta habitable.

Allá afuera, entre los fantasmas de la modernidad,
viven estructuras y mentalidades que no me pertenecen:
la prisa, el ruido, la simulación, la vida caótica del exterior.

Adentrándome en mí, siento que desciendo por una escalera sin fin,
donde la luz se va apagando paso a paso.
He llegado a una caverna silenciosa, un desván olvidado,
un lugar que parece haber sido siempre mi destino:
la oscuridad que me habita.

Desde este rincón desolado quiero escribirte.
No como un lamento —aunque algo de ello se filtre entre las palabras—,
sino como quien intenta respirar dentro del silencio.

Aquí me ahogo en mis propias frases,
palabras que se resisten a volverse claras,
voces que tiemblan, y me quiebran profundamente
antes de pronunciar lo que duele.

Desde aquí evoco mi desolación.
Una que nace de no encontrar eco en el mundo exterior,
de hablar y que nadie responda.
Una que revela la anatomía de mi propia sombra,
vacía ya de su sangre,
hablando desde un dolor profundo:
el del abandono,
el de la pérdida de identidad que deja de verse reflejada en quien amaba.

De pronto, ya no hay luz, ni reflejo, ni tú.
Es como buscarte sin que hayas partido,
como si mis ojos, cansados de mirar afuera,
volvieran su mirada hacia dentro,
a los recuerdos, las memorias, los sentimientos que sembraste,
y que aún germinan aunque ya no estés para recoger sus frutos. 

Es compartir con nadie lo que ha brotado desde dentro.

Cuando más te amaba, te esfumaste,
te disolviste con la niebla de la mañana.

Tus manos ausentes para enjugar mis lágrimas.
Y ahora, hasta la más leve y gélida ráfaga de viento
que roza mis manos o mi rostro
me evoca a ti, creando la ingenua ilusión
de que sigues a mi lado.

Ojalá sigas realmente conmigo.
Porque, entre las sombras, sin ti, me pierdo.


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